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lunes, 27 de abril de 2015

¿Por qué quiero tanto a Kosetica?



“Porque para mí ella es como una ‘personita’ que me acompaña dondequiera que voy. Que me sigue constantemente con esa mirada dulce y ese amor tan incondicional, y que hace de todo para alegrarme la vida”.
   Hace tres años (justo la edad de Kosetica) estaba atravesando por un tiempo muy difícil en cuanto a mi salud. Al punto que cuando llegaba la noche me arreglaba y me sentaba a la mesa para que si moría me encontraran arreglada y perfumada al otro día. Mi corazón estaba fallando. Aguantó muchas cosas difíciles por mucho tiempo. Entre ellas, el estado de coma de mi madre que duró cuatro años y medio.
   Ahí fue cuando decidí comprar una perrita. Ya tenía su nombre escogido. Se llamaría “Kosette” como la protagonista de la novela “Los Miserables” de Víctor Hugo. Ese era el nombre que yo había escogido para ponerle a una tercer hija (hija que no llegó).
   Pero la perrita que yo quería era demasiado especial y no aparecía por ninguna parte: “Tenía que ser blanca, que no pesara más de siete libras, con ojos claros, nariz negra y orejas color melocotón en las puntas. El “ejemplar” que yo quería costaba entre $800 y $2,000 y ese era un precio que no podía darme el lujo de pagar.
   Todos en mi grupito sabían que yo estaba buscando una “perrita”. Un día me llama una de mis hijas y me dice: “Mami, la perrita que quieres la tiene una señora que va camino a ‘El Paso, Texas’ en estos momentos. Tienes que ir a la I-25 Sur a encontrarte con ella. Le queda una sola perrita y es como la que tú quieres”. Me dio el número del celular de la señora e inmediatamente la llamé. Nos pusimos de acuerdo en el lugar que nos encontraríamos y ahí encontré a la “perrita” que yo tanto había buscado y quien se convertiría en mi compañera inseparable. (Resulta que una compañera de trabajo de mi hija le había comentado lo que su mamá estaba pasando con su hermana pequeña de que habían venido a Albuquerque a vender los cachorritos y la niña no se decidía por nadie para que se quedara con la perrita que era su adoración. Pero que no se podían quedar con ella puesto que tenían varias crías de puddles.)
   Entre llantos y lágrimas de la niña compré a Kosetica y por un precio que jamás pensé… $100. La señora y la niña solo querían el pago por el precio de los papeles de la perrita y el compromiso de que la cuidara mucho. Bajo promesas de cuidado y protección nos despedimos. Cargué a Kosetica y así manejé con ella varias millas hasta llegar a casa. Fue como si ella siempre hubiera estado conmigo. Por eso digo que Kosette es un angelito de “cuatro paticas” y no tengo dudas de que es un hermoso regalo que Dios me envió.
                                                                                        


"Kosetica 
sabe modelar 
y disfruta posando 
frente a la cámara".



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