“Porque para mí ella es como una ‘personita’
que me acompaña dondequiera que voy. Que me sigue constantemente con esa mirada
dulce y ese amor tan incondicional, y que hace de todo para alegrarme la vida”.
Hace tres años (justo la edad de Kosetica) estaba
atravesando por un tiempo muy difícil en cuanto a mi salud. Al punto que cuando
llegaba la noche me arreglaba y me sentaba a la mesa para que si moría me
encontraran arreglada y perfumada al otro día. Mi corazón estaba fallando.
Aguantó muchas cosas difíciles por mucho tiempo. Entre ellas, el estado de coma
de mi madre que duró cuatro años y medio.
Ahí fue cuando decidí comprar una perrita. Ya tenía su
nombre escogido. Se llamaría “Kosette” como la protagonista de la novela “Los
Miserables” de Víctor Hugo. Ese era el nombre que yo había escogido para
ponerle a una tercer hija (hija que no llegó).
Pero la perrita que yo quería era demasiado especial y
no aparecía por ninguna parte: “Tenía que ser blanca, que no pesara más de
siete libras, con ojos claros, nariz negra y orejas color melocotón en las
puntas. El “ejemplar” que yo quería costaba entre $800 y $2,000 y ese era un
precio que no podía darme el lujo de pagar.
Todos en mi grupito sabían que yo estaba buscando una
“perrita”. Un día me llama una de mis hijas y me dice: “Mami, la perrita que
quieres la tiene una señora que va camino a ‘El Paso, Texas’ en estos momentos.
Tienes que ir a la I-25 Sur a encontrarte con ella. Le queda una sola perrita y
es como la que tú quieres”. Me dio el número del celular de la señora e inmediatamente
la llamé. Nos pusimos de acuerdo en el lugar que nos encontraríamos y ahí
encontré a la “perrita” que yo tanto había buscado y quien se convertiría en mi
compañera inseparable. (Resulta que una compañera de trabajo de mi hija le
había comentado lo que su mamá estaba pasando con su hermana pequeña de que
habían venido a Albuquerque a vender los cachorritos y la niña no se decidía
por nadie para que se quedara con la perrita que era su adoración. Pero que no
se podían quedar con ella puesto que tenían varias crías de puddles.)
Entre llantos y lágrimas de la niña compré a Kosetica
y por un precio que jamás pensé… $100. La señora y la niña solo querían el pago
por el precio de los papeles de la perrita y el compromiso de que la cuidara
mucho. Bajo promesas de cuidado y protección nos despedimos. Cargué a Kosetica
y así manejé con ella varias millas hasta llegar a casa. Fue como si ella siempre
hubiera estado conmigo. Por eso digo que Kosette es un angelito de “cuatro
paticas” y no tengo dudas de que es un hermoso regalo que Dios me envió.
"Kosetica
sabe modelar
y disfruta posando
frente a la cámara".



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