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jueves, 30 de abril de 2015

Llegamos al Abreu Fontán (4)



Al llegar a aquel lugar: “La visión era dantesca”. ¡Causaba espanto! Miles de compatriotas sentados en la hierva a la intemperie. Al entrar en las oficinas del lugar fue cuando nos ocurrió un hecho doloroso: “A mi primo Wandy, al que yo había llevado en mis piernas desde Banes hasta La Habana, no lo dejaron salir del país y tenía que regresar solo para Oriente”. ¡Cuánto dolor al tenerme que despedir de él y no tener ni idea de lo que le tocaría pasar en su regreso!
   Al despedirnos de Wandy… comenzó lo que sería la vida en un “campo de concentración cubano”. En aquel lugar “hermoso por naturaleza” se estaban cometiendo los atropellos y las torturas mentales más grandes que un ser humano pueda imaginarse. No había agua para tomar y mucho menos para darse un baño. Solo vendían malta y emparedados de jamón y queso en algunas ocasiones durante el día. Pero nos decían que teníamos que guardar el dinero para “pagar por los papeles” que nos entregarían a nuestra salida. Por esta razón si lográbamos comprar un par de emparedados, los dividíamos en 6 partes iguales para así poder comer un pedacito cada uno de nosotros.

"Ya no había “punto de retorno”. Si regresábamos a Banes, 
ya no teníamos casa, ni trabajo, ni manera alguna de
 podernos mantener en nuestra tierra".

   Ya no había “punto de retorno”. Si regresábamos a Banes, ya no teníamos casa, ni trabajo, ni manera alguna de podernos mantener en nuestra tierra. Teníamos que seguir adelante. Entre aquel tumulto de personas buscamos un lugar donde sentarnos para esperar el día en que nos llamaran por “grupos” y por “números”. Bajo la amenaza de que si no escuchábamos cuando nos llamaran “perdíamos la oportunidad de salir del país” y teníamos que regresar al lugar de donde habíamos venido.
   Se podrán imaginar aquel cuadro: “Mis hijas, una de 11 y otra de 10 años acostumbradas a la comodidad de su casa, ahora tendrían que dormir a la “luz de la luna”, sin nada que las protegiera. Ya que al salir de casa, solo pudimos llevarnos la ropa que traíamos puesta. Llegó la primera noche… por estar a la orilla del mar había todo tipo de insectos. Recuerdo que yo no dormía para estarle quitando los insectos de encima a mis hijas para que no me las picaran. Al llegar la mañana había la necesidad de ir al baño. Pero allí no había baños decentes que la “escoria” pudiera usar. Habían improvisado unos baños con cajones de madera y era tanta la suciedad que había en aquel lugar que daba asco, el orine y el excremento campeaban por su respeto. Entonces teníamos que ir a los arrecifes a la orilla del mar para hacer nuestras necesidades.
   En aquel lugar nos encontrábamos a muchas personas conocidas de nuestro Banes, que también nos contaban todo lo que habían pasado. Algunos habían sido golpeados, a otros les habían echado los perros. Las historias eran “increíbles” pero “ciertas”. Allí entre aquella multitud me tocó reconocer al hermano de un tío mío. Lo reconocí por la foto que yo había visto de los quince años de mi tía, donde aparecían mi tío y su hermano junto a ella. Enseguida fui a hablar con él y con su esposa y le dije quien era yo. Asombrado de que lo hubiera reconocido solo por la foto, nos saludamos y regresé al lugar que teníamos en la hierva.
   En aquel campo de concentración había personas que se enfermaron debido a las condiciones del lugar. Niños con fiebre y llorando. Ancianos que casi no podían caminar. Hombres sin camisa porque habían tenido que romperlas para que sus esposas o madres, las usaran como íntimas.
   En medio de todo aquel horror pasaron cuatro días y cuatro noches. Para la segunda noche, mis primos Gogui y Guillermo que también estaban esperando salir en el mismo barco que nos había ido a buscar y que se metían hasta por el ojo de una aguja, nos consiguieron unas cajas de cartón que se convirtieron en la cama de las niñas. 

Nuestra situación dentro de la isla (3)



Una mañana del mes de mayo llegué a la escuela donde trabajaba (José Tey, en Banes) y en la que también estudiaban mis dos hijas. Cual no sería mi sorpresa cuando llegué a la dirección de la escuela como de costumbre y me llama la directora (que era muy amiga mía) y me dice: “Espérate que tengo que hablar contigo. No vayas para tu aula. Vino Seguridad del Estado para avisarme que tu hermano está en el Mariel porque vino a buscarte. Viene un grupo para acá para hacerte un “acto de repudio” aquí en la escuela y no quiero que pases por esa humillación. Voy a buscar a las niñas para que te vayas antes de que llegue el grupo”. Enseguida llegó con mis dos hijas y bajé las escalinatas de la escuela los más rápido que pudimos. Vivíamos en la Compañía y eso quedaba un poquito lejos de la escuela.
   Por su parte, esa misma mañana, el padre de mis hijas que era profesor en Héroes de Girón, también en Banes, recibió la misma noticia que yo había recibido de parte de la directora de la escuela que era muy amiga de nosotros. Al poco rato todos nos encontramos en la casa, asombrados con lo que nos estaba sucediendo. Nos habíamos salvado de los “actos de repudio” que se pusieron tan de moda en aquellos días para los que abandonábamos el país.
   A esa hora ya no teníamos trabajo ninguno de los dos. Habíamos entrado en el grupo de la “escoria”. Ese fue el sobrenombre que nos pusieron en la tierra que nos vio nacer. Teníamos que quedarnos en la casa hasta que Seguridad del Estado nos fuera a buscar. A las pocas horas llegó un agente de seguridad explicándonos que mi hermano estaba en el Mariel y que venía a buscarnos pero que solo me podía ir yo y una de mis hijas.
   Cuando oí aquello mi corazón me dio un vuelco en el pecho y con toda la firmeza que pude, le dije: “Fíjese que no. En esta casa somos 6 personas y todos nos vamos juntos. Por nada del mundo dejo a una de mis hijas atrás”. Para esa hora ya mis padres se habían comunicado conmigo y me habían dicho que en la lista de David, estábamos los 6: Mis dos hijas, mis suegros, el padre de mis hijas y yo.
   Creo que aquel hombre vio tanta furia en mis ojos que no volvió a mencionar que yo tenía que irme solo con una hija. Pero en ese mismo momento comenzó lo que fue toda una tortura. El agente nos dijo que habíamos vendido una moto hacía unos meses y que la única manera de irnos todos era que les entregáramos la moto. Imagínense ustedes: “La moto la habíamos vendido hacía como seis meses y aquella era la condición que nos ponían para salir del país”. Así fue como nos fuimos hasta Boca de Samá a buscar al hombre al que le habíamos vendido la moto para rogarle que nos la vendiera. Aquel hombre accedió y fuimos directamente al Departamento de Policía de Banes a entregarla. Cuando lo hicimos nos dijeron que regresáramos para la casa que los agentes regresarían de nueva cuenta.
   Pasó toda una noche. Teníamos los nervios de punta. En otras partes del barrio había otras personas “escorias” igual que nosotros y les estaban haciendo “actos de repudio”. Los actos de repudio consistían en ir a las casas o a los centros de trabajo para insultar a los que habían decidido dejar el país. A muchos los golpearon, les tiraron huevos, piedras y le echaron los perros. Esa noche vinieron personas de otros barrios para hacernos el acto de repudio. Solo nos tiraron algunos huevos y ni nuestro perro les hizo caso. En ese grupo no había ninguno de nuestros vecinos cercanos. Nos queríamos demasiado y de ellos solo recibimos palabras de aliento y respeto.
   Al otro día temprano llegaron los agentes para acabar de chequear todo y ponerle el sello a la puerta como muestra de que ya no podíamos volver a entrar a la casa.
   Ya teníamos rentado un carro para salir desde Banes hasta La Habana. Nos despedimos de nuestros vecinos entre abrazos y llantos. Allí hubo solamente muestras de amor. Nadie de otros barrios se atrevió a hacernos ninguna maldad. Tengo guardado ese recuerdo en mi memoria como si lo estuviera viviendo en estos mismos momentos. ¡Tantas personas queridas quedaban atrás, tantos recuerdos vividos! También nos dolía en el alma tener que dejar a nuestro perro “Doggie”, un pastor alemán legítimo, inteligente como una persona…
   Una cosa también quedó grabada en mi memoria para siempre. Recuerdo que cuando íbamos en el carro pasando sobre el puente que divide al pueblo de Banes de la Compañía, unos hombres que estaban allí nos gritaron: ¡Qué se vaya la escoria! ¡Fuera la escoria!
En el carro íbamos nosotros 6, el chófer y mi primo Wandy con solo 15 años. A quien llevé en mis piernas todo el viaje, con el único deseo de que lo dejaran salir del país, pues él estaba en la lista de uno de mis primos que nos estaban esperando en el Puerto del Mariel...

Las gestiones de nuestros familiares en USA para irnos a buscar a la isla (2)



La noticia de lo que estaba sucediendo en Cuba se corrió como pólvora en Estados Unidos. Mis tíos, mis primos y mis padres (que vivían en Albuquerque, Nuevo México) se pusieron en comunicación con otros familiares que vivían en California y Miami para rentar un barco e ir en busca de algunos familiares que todavía estábamos en la isla. Cada uno de los que fue en el camaronero tenía una lista de las personas que iba a buscar. Como mis padres ya estaban algo mayores y mi hermano menor era demasiado joven para lanzarse a aquella aventura le tocó a mi hermano David cumplir la misión. David en esos años era un joven estudiante de ingeniería en la Universidad de Nuevo México.
   Vuela David a Miami para reunirse con los demás que irían a Cuba y así fue como, después de comprar todas las provisiones que necesitaban, salieron de Cayo Hueso rumbo al Mariel tres primos: Manolete, Tony, David mi hermano y la mamá de un tío mío junto a otros 21 cubanos de Miami que iban en busca de sus familiares y que también habían pagado por la renta de la embarcación.
   Tardaron un día para llegar al Puerto del Mariel y ya todo el puerto estaba lleno de embarcaciones. Allí estuvieron por 20 días y fueron vigilados constantemente por patrulleros de los Guardacostas cubanos, quienes a cada rato entraban a las embarcaciones para registrarlas y asegurarse de que todos los papeles estaban en regla. Además de que en las embarcaciones no hubiera ningún tipo de armas. Durante las horas de la noche los barcos de guerra de Cuba que estaban rodeando la bahía alumbraban todo el puerto con inmensos reflectores. También llamaban constantemente por altavoces a las embarcaciones por número de flotilla para que se acercaran al muelle para recoger a los familiares. Hacían esto porque todas las embarcaciones norteamericanas estaban ancladas en la bahía pero a cierta distancia y solo cuando les tocaba el turno era que podían tocar el muelle. Los buques de guerra cubanos estaban rodeando la bahía constantemente ya que la orden del Gobierno de Cuba era que ninguna embarcación podía regresar vacía a los Estados Unidos...  

miércoles, 29 de abril de 2015

En el marco del 35 Aniversario del Éxodo del Mariel (1)



Corrían los primeros días del mes de abril de 1980 en la bella isla de Cuba. En cada provincia, ciudad y pueblito la vida era la misma: “Una lucha constante por la sobrevivencia”. Pero un hecho inesperado rompe la monotonía de todo el país: “Un grupo de cubanos entran a la Embajada del Perú al estrellar un ómnibus público contra las rejas de la sede diplomática”. “Los que estábamos en la isla no dábamos crédito a lo que estaba sucediendo”. “Parecía algo increíble”.
   En medio de la confusión y el asombro del pueblo, el gobierno cubano anuncia que retira la guardia que protege a la Embajada del Perú. Cuba le pide a Perú que le entregue a los intrusos. El gobierno peruano se niega a entregarlos y en solo 48 horas más de 10,000 personas habían logrado entrar a la embajada. Es así, como aquella cantidad de cubanos, estuvieron viviendo hacinados en los jardines de la embajada, mientras esperaban un salvoconducto para poder salir de Cuba.
   Pero en unos días sucede algo más asombroso todavía… Estaba yo en la Oficina de Inmigración de Holguín, solicitando un permiso para venir de visita a Estados Unidos, por medio de la Cruz Roja Internacional, para visitar a mis padres y a mis hermanos que vivían acá desde 1969. Había una cola inmensa para entrar a las oficinas y en medio de todos los allí presentes, comienza a correr la voz de que había salido en el Granma, que el Gobierno de Cuba había habilitado el Puerto del Mariel, para que embarcaciones de Estados Unidos pudieran ir a buscar a sus familiares a la isla. “No podíamos creer lo que estábamos escuchando”. En solo unas pocas horas cuando regresé a Banes había dos embarcaciones en el Mariel, y a los pocos días ya eran incontables.
   Para más asombro todavía, Fidel habla y le dice al pueblo que el que se quiera ir del país lo puede hacer. Mientras tanto, el servicio de guardacostas de Estados Unidos se lanza al mar para proteger sus costas y ayudar, en caso de que fuera necesario, a las embarcaciones de todos tamaños que estaban surcando el Estrecho de la Florida. A su vez, El Presidente Jimmy Carter demuestra buena voluntad hacia los cubanos que trataban de conseguir la libertad  y se supo del apoyo que el Estado de la Florida le estaba dando a los que llegaban a sus costas. Un momento donde se intensificó el éxodo por el Puerto del Mariel. Por la vía marítima del Mariel llegamos a las Costas de la Florida, 125,000 ciudadanos cubanos. CONTINUARÁ...

martes, 28 de abril de 2015

“Blue Star Memorial”: Un homenaje a las Fuerzas Armadas en Albuquerque, NM

Entrada principal al Memorial.

“Blue Star Memorial” o sea (El Memorial Azul) es un hermoso lugar que se encuentra localizado en el 1100 de Louisiana SE cerca de la Base Aérea Kirtland de Albuquerque, Nuevo México. El Memorial se construyó como un homenaje a las Fuerzas Armadas que han defendido a los Estados Unidos de América y está patrocinado New Mexico Garden Club, Inc. en cooperación con Uptown Garden Club District 1.


   En el Parque Memorial de los Veteranos de Nuevo México se llevan a cabo durante todo el año diferentes actividades para honrar y recordar a los veteranos de Nuevo México. También se dan cita veteranos y familiares en medio de acogedores jardines, que cubren 25 acres. En el lugar se pueden observar hermosas esculturas con temas patrióticos, enmarcados por la belleza de las Montañas Sandía que sirven de marco para la reflexión y la celebración convirtiéndose de esa forma en el lugar perfecto para recordar y comentar experiencias únicas de todos los que han sentido el llamado para servir a la patria.





"En el lugar 
se pueden observar 
hermosas esculturas 
con temas patrióticos, 
enmarcados por la belleza 
de las Montañas Sandía". 

lunes, 27 de abril de 2015

¿Por qué quiero tanto a Kosetica?



“Porque para mí ella es como una ‘personita’ que me acompaña dondequiera que voy. Que me sigue constantemente con esa mirada dulce y ese amor tan incondicional, y que hace de todo para alegrarme la vida”.
   Hace tres años (justo la edad de Kosetica) estaba atravesando por un tiempo muy difícil en cuanto a mi salud. Al punto que cuando llegaba la noche me arreglaba y me sentaba a la mesa para que si moría me encontraran arreglada y perfumada al otro día. Mi corazón estaba fallando. Aguantó muchas cosas difíciles por mucho tiempo. Entre ellas, el estado de coma de mi madre que duró cuatro años y medio.
   Ahí fue cuando decidí comprar una perrita. Ya tenía su nombre escogido. Se llamaría “Kosette” como la protagonista de la novela “Los Miserables” de Víctor Hugo. Ese era el nombre que yo había escogido para ponerle a una tercer hija (hija que no llegó).
   Pero la perrita que yo quería era demasiado especial y no aparecía por ninguna parte: “Tenía que ser blanca, que no pesara más de siete libras, con ojos claros, nariz negra y orejas color melocotón en las puntas. El “ejemplar” que yo quería costaba entre $800 y $2,000 y ese era un precio que no podía darme el lujo de pagar.
   Todos en mi grupito sabían que yo estaba buscando una “perrita”. Un día me llama una de mis hijas y me dice: “Mami, la perrita que quieres la tiene una señora que va camino a ‘El Paso, Texas’ en estos momentos. Tienes que ir a la I-25 Sur a encontrarte con ella. Le queda una sola perrita y es como la que tú quieres”. Me dio el número del celular de la señora e inmediatamente la llamé. Nos pusimos de acuerdo en el lugar que nos encontraríamos y ahí encontré a la “perrita” que yo tanto había buscado y quien se convertiría en mi compañera inseparable. (Resulta que una compañera de trabajo de mi hija le había comentado lo que su mamá estaba pasando con su hermana pequeña de que habían venido a Albuquerque a vender los cachorritos y la niña no se decidía por nadie para que se quedara con la perrita que era su adoración. Pero que no se podían quedar con ella puesto que tenían varias crías de puddles.)
   Entre llantos y lágrimas de la niña compré a Kosetica y por un precio que jamás pensé… $100. La señora y la niña solo querían el pago por el precio de los papeles de la perrita y el compromiso de que la cuidara mucho. Bajo promesas de cuidado y protección nos despedimos. Cargué a Kosetica y así manejé con ella varias millas hasta llegar a casa. Fue como si ella siempre hubiera estado conmigo. Por eso digo que Kosette es un angelito de “cuatro paticas” y no tengo dudas de que es un hermoso regalo que Dios me envió.
                                                                                        


"Kosetica 
sabe modelar 
y disfruta posando 
frente a la cámara".